sábado, 10 de diciembre de 2016

CUANDO ME HAYA IDO.....

Cuando me haya ido,
despréndanse y déjenme ir.
Tengo tantas cosas qué ver y hacer.
No deben atarme a sus lágrimas.
Sean felices;
tuvimos tantos años juntos
y yo les di mi amor.
Ustedes sólo podrán tratar de adivinar
cuánta felicidad me dieron.
Les doy las gracias por todo el amor
que cada uno de ustedes me dio.
Pero ahora es tiempo
de que yo viaje solo.
Así es que,
si se sienten tristes por mi,
háganlo por un rato nada más;
después…
Que su tristeza se convierta
en confianza y fe.
Es sólo por un momento
que vamos a estar separados,
así que bendigan
los recuerdos de su corazón.
Yo no estaré lejos,
porque la vida continúa.
Y si me necesitan,
llámenme y yo vendré…
Aunque no me podrán ver ni tocar,
yo estaré cerca.
Y si oyen con su corazón,
escucharán a su alrededor
muy suave y claramente mi amor.
Luego,
cuando les toque venir
por este mismo camino,
yo saldré a recibirlos con una sonrisa
y a darles la bienvenida a su casa.

Autor: Jorge Espinosa de los Monteros


Lo dedico a Todos quienes partieron este año.  Especialmente a mi Matías, quien partió demasiado pronto.

Annissa

EL CANSANCIO Y OTRA MANERA DE VIVIR


El cansancio y otra manera de vivir


“Valorar los tiempos quietos, no estar siempre llenos de compromisos, permitirnos el tiempo libre y no ser siempre útiles y productivos”.
Por Patricia May, Antropóloga de la Universidad de Chile.
patriciamayEl cansancio, la sensación de agotamiento es una característica cada vez más común en las personas. La vida se ha vuelto rápida, sin pausa, llena de exigencias y estímulos y no es fácil “bajarse del carro” del ritmo frenético del vivir de hoy.
La pregunta es si tenemos algo que hacer frente a esto, o estamos condenados a terminar cada día exhaustos. ¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor, con más energía?
Podríamos comenzar dándonos cuenta que en el modelo en que vivimos, hemos internalizado la idea de que “mientras más, mejor”; más cosas que hacer, más compromisos, más logros, más éxitos, más dinero, más encuentros, más y más. Muchas veces un día satisfactorio es aquel en que hemos hecho muchas cosas, sin embargo, podríamos preguntarnos con qué calidad, entrega, atención, encanto hicimos lo que hicimos y también cuestionarnos si acaso todo aquello eran cosas realmente necesarias, o no.
Darnos cuenta cómo tenemos asociado la imagen de una “persona exitosa” a alguien llena de actividades, que corre de un logro a otro, que está “llena de proyectos” y cosas por hacer, que no se detiene nunca en su afán por escalar más allá de donde está. Estas personas suelen estar con la mente a mil, sin real capacidad de prestar atención a lo que está ocurriendo en el momento, sin ver al otro, aceleradas mental y emocionalmente, atentas a lo que viene después o mañana, pero sin poder conectar con lo que está ocurriendo ahora. ¿Será esa neura constante nuestra concepción de éxito? ¿Es eso lo que queremos para nuestra vida?
Darnos cuenta también que tenemos asociado el descanso, el ocio (como permitirse tiempos tranquilos en que me surja lo que naturalmente quiero, aunque no sea útil) a un sentimiento de culpa…culpa por no estar haciendo “cosas útiles o productivas”, culpa de tomarme días sin nada que hacer, culpa hasta de descansar, culpa de tendernos a mirar como pasan las nubes por el cielo…lo que hacemos entonces es sobre agendarnos, incluso en los fines de semana, o en las vacaciones.
Pero hay otra manera de vivir que requiere primero ser conscientes de los valores con que estamos enganchando y desafiarlos; necesitamos escucharnos, darnos tiempo para ser, hacer menos y con más calidad, valorar los tiempos quietos, no estar siempre llenos de compromisos, permitirnos el tiempo libre y no ser siempre útiles y productivos.
Aprenderemos que menos es más, puesto que en lo simple, en lo nimio, en lo aparentemente sin importancia podemos escuchar a nuestro ser y reciclarnos, tomar energía, vida, entusiasmo, perspectiva, claridad.
Aprenderemos también que cuando hacemos sin presión, en presencia y atención al momento presente no nos cansamos, sino que nos energizamos en el hacer porque fluimos sin tensión.
Es esa tensión por el logro, por estar sobre exigidos, la que tiene a las personas agotadas. Las empresas y organizaciones deberían comenzar a entender que exacerbando tanto la competitividad, la sobre exigencia no logran mejor calidad, sino más tensión, enfermedad, mal ambiente laboral.
El cambio tiene que ser cultural y tocar a lo personal e institucional.
Ojalá lo entendamos pronto para no seguir generando tanto dolor personal y social.
Patricia May: Antropóloga de la Universidad de Chile, se ha dedicado al estudio, práctica y profundización del conocimiento respecto de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, desarrollando una línea de Antropología del Sentido, Evolución de la Conciencia Humana y Filosofías Espirituales. Ha escrito poesía y publicado 5 libros; docente en universidades e institutos; dirige charlas y talleres en colegios, cárceles de mujeres y particulares, y en 5 oportunidades ha sido elegida dentro de “Las 100 mujeres líderes en Chile”.

viernes, 9 de diciembre de 2016

NUTRICIÓN. Lo que Nadie te explicó sobre la Grasa. (Bonnie Leclerc)

Bonnie Leclerc

Coach en nutrición certificada ITN y creadora de www.restablecer.cl.

Bonnie Leclerc

Coach en nutrición certificada ITN y creadora de www.restablecer.cl.

Diciembre
06
2016

El concepto que nadie nos explicó sobre la grasa

Escrito en: Comida Saludable el 06 / 12 / 2016 // 03:34 am por Bonnie Leclerc
El polémico "método" de Pedro Grez no es el primero que postula la idea de que es sano comer grasas (y mucho menos carbohidratos)
El  concepto que nadie nos explicó sobre la grasa

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Hay algo de revuelo últimamente en Chile en torno al libro "Los mitos me tienen gordo y enfermo" de Pedro Grez. Éste explica cómo mejoró su figura y salud comiendo muy pocos carbohidratos y mucha grasa. 
Él no es el primero (ni pretende serlo): desde Banting hasta Paleo pasando por la cetogénica, the Zone y Atkins, todas las dietas que alcanzaron una verdadera popularidad fueron basadas en el mismo principio: de que la grasa que no le das al cuerpo, éste la fabrica.
Pero comer tanta grasa, oigo a muchos reparar, ¿no será un peligro para el hígado, el corazón? ¿Cómo terminará a largo plazo la salud de los adeptos de una dieta tan extrema?



Creo que ha llegado el momento de aclarar un concepto que queda muy mal explicado en el colegio, aunque absolutamente establecido científicamente: la gran mayoría de los carbohidratos se convierte en grasa en el organismo.
Lo hace a través del hígado, un proceso llamado de novo lipogenesis, y también de la flora intestinal para algunos azúcares y fibras (así es, las bacterias transforman fibras en ácidos grasos para nuestro beneficio).
¿Y por qué tu cuerpo va a hacer semejante disparate? —Porque necesita esas grasas, mucho más de lo que necesita energía.
Resulta que la energía que gastamos es bien poca, incluso para los más activos. Para lo que más usamos la comida, en realidad, es para regenerar nuestras células. ¿Sabías que tienes nuevos pulmones cada seis semanas? Permanentemente estás desechando células muertas y creando nuevas.
Y las células no son sólo proteína, son alrededor de mitad de grasa. Ésta forma en particular la membrana exterior, tan importante para regular sus intercambios con el entorno.
Todavía necesitas más grasa para producir tus hormonas, esos omnipresentes mensajeros químicos que controlan desde tu ciclo hasta tu metabolismo. Y por fin, tu cerebro y nervios están hechos en 60% de grasa, y también necesitan regenerarse constántemente. Y está el tejido adiposo per se, que en una mujer delgada representa en torno al 20% de la masa total (15% en un hombre) y también necesita regenerarse constántemente.

Vale decir: en la escala del consumo real del cuerpo, la grasa viene gran primera, seguida por un 15% de proteínas, y una porción variable pero modesta de energía.
Por eso tenemos un sistema tan eficaz para convertir una cosa en la otra. Eso nos permite vivir en condiciones muy diversas sin estar a merced de conseguir exactamente los ingredientes indicados. Para eso se ocupa nuestro laboratorio interno. Genial, ¿no?
Sólo dos problemas.
Uno es que algunas cosas no se pueden fabricar, se tienen que conseguir. Son los llamados aminoácidos y ácidos grasos esenciales. Eso quiere decir que tenemos que comer sí o sí suficientes proteínas y grasas (no hay carbohidratos esenciales). Asimismo, hay vitaminas —A, D, E y K— que sólo nos llegan a través de las grasas que comemos.
El otro problema es que esa conversión requiere mucho trabajo, y enormes cantidades de vitaminas. En muchos casos, la máquina empujada a fondo se deteriora. Las hormonas empiezan a desequilibrarse, todos los sistemas empiezan a fallar, y terminamos con sobrepeso, diabetes y todo tipo de enfermedades crónicas.
La razón por la que esas dietas altas en grasa y bajas en carbohidratos funcionan tan bien, no sólo para restablecer un peso normal sino para mejorar todos los indicadores de salud, es porque aportan un perfil de nutrientes mucho más cercano al que el organismo necesita. Así los órganos reciben todos sus pedidos y el funcionamiento normal del cuerpo poco a poco vuelve.


El método Grez y otros planes alimenticios afines no son para nada peligrosos. Se basan en hechos largamente establecidos tanto por la fisiología como por la antropología (muchas dietas tradicionales son similares), y hasta por las escuelas más avanzadas de nutrición.
Pese a las declaraciones del presidente del Colegio de Nutricionistas Universitarios de Chile, esas dietas están respaldadas por la ciencia y las más altas instancias de su propia profesión han llamado a consumir más grasas y menos carbohidratos.
Si te interesa probarlo, un consejo: léete el libro, o puede ser también "Come grasa y adelgaza", del dr Mark Hyman, o "Cerebro de pan" del Dr. David Perlmutter. Como verás, no se trata de abalanzarse sobre cualquier comida chatarra grasienta, sino de privilegiar alimentos grasos naturales como carnes, huevos, palta y aceite de oliva, y acompañarlos con verduras.