miércoles, 15 de junio de 2016

Menos es Màs. El Desapego

por Dominique Loreau
Julio-Agosto 2008
del Sitio Web MundoNuevo

En nuestras sociedades occidentales nadie sabe ya vivir con sencillez. Tenemos demasiados bienes materiales, demasiadas opciones, demasiadas tentaciones, demasiados deseos, demasiados alimentos.

Todo se malgasta, todo se destruye. Usamos cubiertos, bolígrafos, encendedores, máquinas fotográficas desechables... cuya fabricación contamina las aguas y
el aire y, por tanto, la naturaleza. Renunciemos desde boy mismo a ese despilfarro, o tendremos quo renunciar en un futuro no demasiado distante.

Hay que quitar cosas que estorban para poder ver nuevas perspectivas. Funciones esenciales como vestirse, comer y dormir, cobran entonces una dimensión distinta y mucho más profunda. No es la perfección lo que tratamos de alcanzar, sino un enriquecimiento vital. La opulencia no aporta ni gracia ni elegancia. Encarcela el alma y la destruye. En cambio la sencillez resuelve muchos problemas.

Deja de poseer demasiadas cosas:
Tendrás más tiempo para dedicar a tu cuerpo. Y una vez que te encuentres a gusto con tu cuerpo, podrás olvidarte de él y cultivar el espíritu, con lo que se accede a una existencia más llena de sentido, ¡Y serás más feliz!
La sencillez consiste en poseer poco, para abrir camino a lo esencial y a la quintaesencia de las cosas. Y además, la sencillez es bella porque esconde muchas maravillas.
Lo que Pesan las Posesiones - el Afán de Acumular
Dominique Loreau, hace veintitrés años se instaló en Japón, donde se impregnó de una filosofía de vida basada en la simplicidad y la belleza.

A lo largo de sus años de vida y estudio en Japón, Loreau descubrió que la simplicidad enriquece infinitamente la vida a la vez que Ibera de prejuicios y restricciones.

Actualmente dirige seminarios en Japón dirigidos a todos aquellos que desean simplificar su vida.
La mayoría viajamos por la vida nada ligeros de equipaje, sino todo lo contrarío, t No serta recomendable una reflexión, y empezar a preguntamos porqué le tenemos tanto apego a las cosas?
Para muchos, las riquezas materiales representan un reflejo de su vida, o tal vez es que no están muy seguros de tener existencia propia. Conscientemente o no, asocian las posesiones con su propia identidad y la imagen que tienen de si mismos.
Cuantas más pertenencias tienen, más seguros y realizados se sienten. Todo se convierte en objeto del deseo: los bienes materiales, los negocios prósperos, las obras de arte, los conocimientos, las ideas, las amistades, los amantes, los viajes, un dios y hasta el ego...

La gente consume, compra, acumula, colecciona.
‘Tienen’ amigos, ‘tienen influencias', ‘poseen' diplomas, títulos, medallas... El peso de las posesiones los agobia. Olvidan, o no se han dado cuenta de que su codicia los convierte en seres sin vida, esclavizados por afanes cada vez más numerosos.

Hay muchas cosas superfluas, pero no lo comprendemos así hasta el momento en que estamos privadas de ellas. Las usábamos porque las teníamos, no porque nos hicieran falta. ¡Cuántos objetos habremos comprado sólo porque hemos visto que otras personas los tenían!

Para simplificar hay que elegir, y las elecciones suelen ser penosas. Muchas personas acaban entre toneladas (en el sentido literal de la palabra) de objetos que han dejado de tener valor para ellas y no les son útiles para nada, sólo porque no se han decidido a hacer algo con esas cosas, ni han tenido valor para regalarlas, venderlas o tirarlas.
Se aferran al pasado, a las tradiciones familiares, a los recuerdos, pero olvidan el presente y no contemplan el porvenir.

Tirar las cosas requiere un esfuerzo. La dificultad no consiste en librarse de ellas, sino en juzgar cuáles son útiles y cuáles inútiles. A veces cuesta desprenderse de un objeto.
Pero luego, ¡qué satisfacción!

Miedo al Cambio

Nuestra cultura no tolera mucho a los que eligen vivir con frugalidad. Son peligrosos para la economía y para la sociedad de consumo. Merecen consideración de marginales. Son sujetos inquietantes. Quienes por decisión propia viven con modestia, comen poco, malgastan poco y murmuran poco o nada de los demás, acaban calificados de avaros, hipócritas y asociales.

Vivir es cambiar. Somos contenedores, no contenidos- Deshacerse de las pertenencias puede ayudamos a ser lo que siempre quisimos haber sido.

A esto, numerosas personas replicarán que después de haber padecido necesidades materiales cuando eran jóvenes, tirar ahora lo que tienen les causarla remordimientos. Seria como despilfarrar. Sin embargo, despilfarrar significa tirar lo que aún pudiera sernos útil.
El que tira lo que no le sirve para nada, no despilfarra. Al contrario, el despilfarro consiste en retoñado.

¡Falta espacio en las habitaciones! ¡Hay que malgastar tanta energía en tener la sala decorada como nos imponen las revistas! ¡Se pierde tanto tiempo buscando las cosas, ordenándolas, quitándoles el polvo!

¿Acaso los recuerdos nos hacen tan felices, o más felices? Se dice que los objetos tienen alma. ¿Pero se puede consentir que la fidelidad al pasado invada el futuro? ¿El presente debe quedar estático?

Elije el Minimalismo

La economía en el arte de vivir es una filosofía práctica, porque vivir con poco mejora la calidad de vida.

Nuestra esencia no está encarnada en las cosas, y hacerse minimalista por lo general requiere un bagaje espiritual e intelectual. Algunos pueblos, como los coreanos, gustan por instinto de lo sobrio y depurado, como lo demuestran sus obras de arte.

Todos podemos elegir la riqueza de tener pocas cosas. Lo que cuenta es el valor para perseverar en nuestras convicciones hasta el final.

Disciplina, lucidez y voluntad son las condiciones para vivir con lo estrictamente necesario en unos espacios limpios y bien ventilados. El minimalismo exige una disciplina de vida y una gran atención al detalle. Elimina cuanto te sea posible, no te dejes invadir por los objetos y los muebles, y luego dedica tu atención a otra cosa. La misma idea de eliminar dejará de preocuparte.
Tus decisiones serán instintivas, tu indumentaria más elegante, tu casa más confortable, tus compromisos sociales y profesionales se reducirán. Renace el sentido común y contemplamos la vida con mayor lucidez.
La mano que elimina es suave, pero firme.

Haz un alto y reflexiona sobre lo que podrías hacer para llevar una vida más fácil.

Pregúntate: ¿Qué es lo que me complica la vida? ¿Realmente vale la pena? ¿Cuándo soy más feliz? ¿Acaso tener es más importante que ser? ¿Hasta qué punto estoy dispuesta a conformarme con poco?
Un consejo: redacta listas, te ayudarán a despejar los estorbos de tu existencia.

Utiliza el Mínimo Posible de Objetos

Cuando cualquier objeto requiera la atención de tus sentidos, piensa que ya ha dejado de existir, que se transforma, y que algún día no será más que polvo. No hay nada tan gratificante como saber calibrar con método y veracidad cada una de las cosas que hemos encontrado en la vida: cuál es su utilidad, a qué universo hacen referencia, qué valor aportan a nuestra vida...

Distingue cuáles son los elementos que los componen, cuánto pueden durar, qué sentimientos te evocan.

Importa más enriquecer el cuerpo en sensaciones, el corazón en impulsos, y el espíritu en principios, que llenar la vida de objetos. La única manera de no ser poseídos consiste en no poseer (nada o casi nada). Y sobre todo, en desear lo menos posible. Las acumulaciones son un lastre. La multiplicidad y la fragmentación, también.

Despréndete de todos los bienes de este mundo como de la ropa vieja que ya no te pones. Alcanzarás entonces el grado último de la perfección en ti misma.
¿Acaso es posible recibir sin hacer antes un espacio? No concedas más importancia a las cosas que a los valores humanos, a tu trabajo, a tu paz, a la belleza, a tu libertad y en general, a todo cuanto vive.

Son demasiadas las cosas que nos invaden, nos secuestran y nos alejan de lo esencial. Nuestro espíritu, a su vez, se atasca como un desván lleno de trastos viejos. Así no puede moverse ni progresar. Pero vivir estriba precisamente en progresar.
Admitir la multiplicidad y las acumulaciones lleva a la confusión, a las preocupaciones incesantes, al desánimo.
 

Que No Te Posean

Nosotros no poseemos las cosas, ellas nos poseen.

Todos somos dueños de tener lo que se nos antoje, pero lo que cuenta sobre todo es la actitud frente a las cosas, conocer los límites de las propias necesidades, y lo que esperamos de nuestra propia vida. Saber lo que nos gustaría leer, las películas que deseamos ver, los lugares que nos proporcionan un goce profundo...

Un lápiz labial, un documento de identidad, dinero: no se necesita llevar nada más en el bolso.
Si tienes una única lima de uñas, siempre sabrás dónde encontrarla. A lo material hay que concederte un mínimo de importancia, aparte la comodidad, la calidad del entorno y uno o dos bellos muebles. Negarse a tener demasiado es darse la posibilidad de apreciar con más plenitud lo que aporta placeres espirituales, emocionales, intelectuales.

Tira lo que sea Inútil o que ya esté demasiado usado. (O déjalo en la calle con un cartel, para que se lo lleve alguien que pueda necesitarlo).

Lo que esté en condiciones de servir todavía (libros, ropas, vajilla...) puedes donarlo a los asilos y residencias. No pierdes nada con ese gesto, antes al contrario, ganas mucho en satisfacción y alegría.

Revende los bienes que necesites poco o nada. Hecho el vacío, apreciarás al fin el privilegio de no tener nada que ofrecer a los ladrones, a las llamas, a las polillas ni a los envidiosos. Tener más que el mínimo estricto es cargarse de nuevos dolores de cabeza.
Y luego, como sabemos todos, "el mundo es un golfo redondo y el que lleva demasiado peso va al fondo".

No a la Casa Abarrotada - la Casa debe Ser el Anti-estrés de la Ciudad

Cuando una casa está vacía, salvo algunas bellas y perfectas necesidades, se convierte en un remanso de paz. Estímala, límpiala y habítala con respeto, porque cumple con la misión de proteger tu tesoro más preciado: tú misma.

Que las consideraciónes materiales dejen de preocupamos: sólo entonces es posible expansionarse. El espíritu se aloja en el cuerpo como éste so aloja en la casa. Para desarrollarse, hay que liberar el espíritu.

Cada una de nuestras posesiones debería recordamos que la necesitamos, sin más, y que es su utilidad lo que la hace preciosa, ya que sin ella no podríamos ‘funcionar' normalmente.

La casa debería ser un lugar reposo, una fuente de inspiración, un área terapéutica. Nuestras ciudades son superpobladas, ruidosas, pictóricas de colores y de difracciones visuales que nos agreden y nos hieren. A la casa le toca devolvemos la energía, la vitalidad, el equilibrio, la alegría. Es una protección material y psicológica.
Sirve tanto para el cuerpo como para el espíritu.

Existe una desnutrición alimentaria, y existe también una desnutrición espiritual. Ahí es donde la casa desempeña su papel. Pues lo mismo que nuestra salud depende de nuestra alimentación, lo que colocamos en nuestro interior tiene serias repercusiones sobre nuestro equilibrio psicológico.