martes, 23 de septiembre de 2014

ORGANIZACIÒN: 3 Tècnicas para que tu PAREJA ayude en la Casa

3 técnicas para que tu pareja ayude en la casa

Por: Carolina Aguirre | 01/04/2012

 
Las parejas que funcionan bien, en general, no son las que se repiten sino las que se complementan. Un fóbico y un aventurero. Un despreocupado y un obsesivo. Un impaciente con alguien tranquilo, armonioso, incapaz de exaltarse o de pegar un grito. Este combo les permite duplicar registros y tomar control de distintas situaciones sin superponerse ni pelearse en el camino:
3 técnicas Mientras que uno se encarga de reclamar el otro concilia, y cuando uno se encarga de ser precavido y el otro se ocupa de arriesgar, de ser un poco irresponsable y divertido.
El problema es que en algunos temas esta diferencia no es una ventaja sino un martirio. Sobre todo en uno, que siempre trae dolores de cabeza: el orden y la limpieza del hogar. Por esas casualidades de la vida, rara vez hay dos ordenados en una pareja: en casi todas hay uno prolijo y otro que ensucia sin parar.
Al principio de las relaciones, como es de suponer, el amor se sobrepone a la suciedad. Uno limpia atrás del otro y repite, con dulzura ilusa, que por favor junte la ropa del piso o cuelgue la toalla con la que se seca.  Pero con los meses, la acumulación de quejas y el avance de la rutina, previsiblemente el aire se empieza a espesar. Es inútil tratar de explicarle al otro lo que uno ve en el mismo living, lo que para uno es un desastre para el otro no está tan mal.  Es un nudo imposible de desatar: el ordenado no quiere vivir ordenando y el desordenado no quiere perder su tiempo en limpiar. Por eso, antes de que estalle la guerra, siempre es mejor negociar. Y nada mejor para negociar que trocar o extorsionar algunos bienes.

1- El trueque:
Una técnica poco espontánea pero no por eso menos efectiva para domesticar a los desordenados es el trueque. En el fondo, todo tiene un precio. Una comida rica. Ir al cine. Que te lleven el desayuno a la cama. El asunto es no pagarlo con dinero, sino con otros bienes preciados, como algún quehacer doméstico. ¿Lava los platos? Que elija la película. ¿No los lava? Que la mire solo. Después de todo, los hombres intercambian bienes y servicios desde el principio de los tiempos. Por algo será.


2-La extorsión:
La extorsión es otro método cuestionable pero comodísimo. Basta con encontrar algo que el otro quiera de nosotros para empezar a negociar sutilmente. “Ah, a mí también me gustaría salir un rato, pero no puedo, tengo toda la casa para ordenar”. “¿Querés que te acompañe a visitar a tu mamá? Qué pena que estoy demasiado cansada de levantar ropa del piso. Quizás otro día, cuando tenga menos cosas que hacer me den más ganas” son frases que pueden comenzar una extensa y calculada negociación en la que ambos pueden ganar.


3-La venganza:
La venganza es, sin dudas, la última opción. Un ultimátum frío y riesgoso, pero transformador. Porque en definitva, para que un desordenado escarmiente y cambie para siempre sólo hace falta un episodio movilizador. Uno solito. Perder dinero o un papel importante en su propio desorden, por ejemplo. No digo que haya que esconderles las cosas, pero sí esperar el momento y no ayudar. Que busquen. Que se desesperen. Que pierdan horas revolviendo. Y que ese día, por fin aprendan, que el orden no es una maña ni una forma de enloquecernos sino una forma evolucionada y práctica de vivir. Después de todo, ningún niño nace desprolijo. El desordenado es desordenado sólo hasta que pierde el pasaporte justo antes de salir para al aeropuerto.